¿Sabes? Eres más dulce que un cubo lleno de chuches, que una tienda de gominolas entera. Eres como un millón de toneladas de azúcar todas juntas en una sola persona. Eres más dulce que todas las galletas que se comió Coco el Monstruo de las Galletas en Barrio Sésamo. ¡O más! Eres como una fábrica de terrones de azúcar. Más dulce que mil y un ositos de peluche. Muchísimo más dulce que todas las fresas y todo el chocolate del mundo. Más dulce que todos los algodones de azúcar que nadie haya comido nunca.
Es como un vicio, un adictivo. Me gusta porque va en pequeñas dosis, intensas, pero pequeñas. Me gusta porque acelera el pulso, sube la adrenalina. Porque es algo muy flexible pero fácil de romperse. Me gusta porque no tiene sentido ni hace falta buscarle explicación. Porque te provoca fanatismo, te hace sentir libre pero nunca te libera. Porque la palabra clave es: improvisación. Y sabe ponerte a prueba. Porque es irremediable e incurable. Produce locura y eso, me gusta.
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