Es como un vicio, un adictivo. Me gusta porque va en pequeñas dosis, intensas, pero pequeñas. Me gusta porque acelera el pulso, sube la adrenalina. Porque es algo muy flexible pero fácil de romperse. Me gusta porque no tiene sentido ni hace falta buscarle explicación. Porque te provoca fanatismo, te hace sentir libre pero nunca te libera. Porque la palabra clave es: improvisación. Y sabe ponerte a prueba. Porque es irremediable e incurable. Produce locura y eso, me gusta.
miércoles, 29 de junio de 2011
¿Quien sabe?
Tiro un dado. Sale el 5. Doy pues, 5 pasos. Me encuentro frente a la estantería. Cierro los ojos. Cojo un libro. Lo abro al azar. Página 193. Leo una palabra: exterior. Relaciono. 193 + exterior. Voy a la calle. Cuento las personas con las que me cruzo. Saludo a la 193. Me saluda. Lleva una camiseta verde. Verde = hierba. Voy a un parque. Sigo unas huellas dejadas sobre la tierra. Desaparecen al llegar al asfalto. Allí miro al cielo. Una nube tiene forma de barco. Veo un periódico sobre un banco. Le arranco una hoja. Hago un barco de papel con ella. Lo dejo sobre el agua del estanque. Me quedo de pié mirando. Alguien lo recoje minutos después. Le escribe algo. Lo vuelve a dejar. Regresa a mí. ¿Como se llama el capitan del barco? pone. Miro al remitente. Me sonrie. Le devuelvo la sonrisa. Se acerca a mí. Y sin yo saberlo, empieza una bonita historia de amor. El poder del azar guía nuestro destino...¿O fue el destino el que hizo que saliese 5 en el dado?
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