Quizás, más. Mil, dos mil, tres mil... ¿Qué importa? Eso es lo que le da ritmo a la vida, la condimenta y la enloquece. Está prohibido arrepentirse y lamentarse. Así, que ya sabes, corre, vete y prepárate. Encuentra esa lista que tenías guardada y escondida en ese cajón olvidado y ¡a por todas! Ama con locura, bebe hasta perder el control, escucha la música a todo volumen hasta que te duelan los oídos, grita fuerte hasta que te quedes ronca, salta más alto que nadie, vuela alto, muy alto y sobre todo, ¡VIVE! Después llega a casa, dirígete a tu cuarto, túmbate en la cama y piensa con una sonrisa pintada en tu cara: hoy ha sido el mejor día de mi vida.
Es como un vicio, un adictivo. Me gusta porque va en pequeñas dosis, intensas, pero pequeñas. Me gusta porque acelera el pulso, sube la adrenalina. Porque es algo muy flexible pero fácil de romperse. Me gusta porque no tiene sentido ni hace falta buscarle explicación. Porque te provoca fanatismo, te hace sentir libre pero nunca te libera. Porque la palabra clave es: improvisación. Y sabe ponerte a prueba. Porque es irremediable e incurable. Produce locura y eso, me gusta.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Hacer mil locuras.
Quizás, más. Mil, dos mil, tres mil... ¿Qué importa? Eso es lo que le da ritmo a la vida, la condimenta y la enloquece. Está prohibido arrepentirse y lamentarse. Así, que ya sabes, corre, vete y prepárate. Encuentra esa lista que tenías guardada y escondida en ese cajón olvidado y ¡a por todas! Ama con locura, bebe hasta perder el control, escucha la música a todo volumen hasta que te duelan los oídos, grita fuerte hasta que te quedes ronca, salta más alto que nadie, vuela alto, muy alto y sobre todo, ¡VIVE! Después llega a casa, dirígete a tu cuarto, túmbate en la cama y piensa con una sonrisa pintada en tu cara: hoy ha sido el mejor día de mi vida.
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