Es como un vicio, un adictivo. Me gusta porque va en pequeñas dosis, intensas, pero pequeñas. Me gusta porque acelera el pulso, sube la adrenalina. Porque es algo muy flexible pero fácil de romperse. Me gusta porque no tiene sentido ni hace falta buscarle explicación. Porque te provoca fanatismo, te hace sentir libre pero nunca te libera. Porque la palabra clave es: improvisación. Y sabe ponerte a prueba. Porque es irremediable e incurable. Produce locura y eso, me gusta.
martes, 6 de diciembre de 2011
Ho voglia di te.
Me coge por la cintura y me dice “ven”. Y voy. Claro que voy. ¿Cómo no? Si yo sólo quiero estar con él. Y corre. Y corro. No sé por qué pero corro. Me río. ¡Qué frío hace! Pero soy feliz. La niebla empapa mi cara, mi pelo, mis labios. Corremos sin poder evitar las miradas extrañas de la gente que pasa por la calle. Que saben por qué corremos. Sí. Lo saben porque ellos también lo han hecho alguna vez. Huyendo. De algo. De todo. De cualquier cosa. Para estar solos. Sin nadie que diga, que haga. Solos. Aunque la noche esté fría. Muy oscura. Y como por intuición nos adentramos en un callejón. Solos. Parece mentira que diecisiete años viviendo en la misma ciudad no hayan bastado para conocer antes este lugar. En otras circunstancias. Pero mejor así. Y ahora sí. Solísimos. Me mira. Sonríe. Tiene ganas de esto. De mí. Sus ojos me lo dicen. Y me besa y me dejo. Yo también quiero. Sí. A él.
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