A lo mejor parecido. Pero nunca igual. Las cosas pueden cambiar, llegar a ser mejores de lo que ya son. Pero nunca dejarán de tener algo en común con aquello que eran antes. Sino es una razón, es otra. Así que sin más dilaciones os presento el teatro de las personalidades. Siempre abierto a aquel público: tanto interesado como no en observarlo. Con sus colores. Su ambiente perfumado a miradas. Y su contraste de personas. Un público que aunque no quiera, siempre pasa por ese teatro. Quizá sin querer. En estas ocasiones es mejor pensar que todo pasa sin avisar, pero todo, exclusivamente las personas pasan por alguna razón.
Es como un vicio, un adictivo. Me gusta porque va en pequeñas dosis, intensas, pero pequeñas. Me gusta porque acelera el pulso, sube la adrenalina. Porque es algo muy flexible pero fácil de romperse. Me gusta porque no tiene sentido ni hace falta buscarle explicación. Porque te provoca fanatismo, te hace sentir libre pero nunca te libera. Porque la palabra clave es: improvisación. Y sabe ponerte a prueba. Porque es irremediable e incurable. Produce locura y eso, me gusta.
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