Dicen que la vida es como una montaña rusa. Que ahora puedes estar arriba, sintiéndote la dueña del mundo, teniéndolo todo controlado, sintiendo cómo el aire choca contra tu cara y te alborota el pelo, te sientes libre, tranquila, feliz. Que sabes que de un chillido en una bajada a no sé cuántos Kilómetros por hora descargarás toda la adrenalina que puedas tener por dentro, y cuando te bajes, serás alguien nuevo. Pero cuando bajas, te mareas, te sientes raro, vacío, sientes que toda la adrenalina está expulsada, desapareció, ahora vuelves a tu vida, a pensar, a llorar, a sentir.
Es como un vicio, un adictivo. Me gusta porque va en pequeñas dosis, intensas, pero pequeñas. Me gusta porque acelera el pulso, sube la adrenalina. Porque es algo muy flexible pero fácil de romperse. Me gusta porque no tiene sentido ni hace falta buscarle explicación. Porque te provoca fanatismo, te hace sentir libre pero nunca te libera. Porque la palabra clave es: improvisación. Y sabe ponerte a prueba. Porque es irremediable e incurable. Produce locura y eso, me gusta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario